

Preparar pasta en casa no tiene por qué ser complicado. Con pocos ingredientes y algo de organización es posible servir un plato sabroso, nutritivo y económico en menos de media hora, ideal para quienes llegan cansados del trabajo y no quieren recurrir a la comida rápida.
La base de esta receta es sencilla: 250 gramos de pasta corta, dos tomates maduros, un diente de ajo, media cebolla, aceite de oliva, sal, pimienta y unas hojas de albahaca fresca. Si quieres darle un toque extra, puedes añadir queso parmesano rallado o unas aceitunas negras. Tener estos productos en la despensa te salvará más de una noche.
Mientras el agua hierve con una cucharada de sal, pica finamente la cebolla y el ajo. Sofríelos en una sartén con aceite de oliva a fuego medio hasta que estén transparentes. Luego incorpora los tomates picados y deja cocinar unos diez minutos, removiendo de vez en cuando para que la salsa espese de forma natural.
Uno de los trucos más útiles de la cocina italiana es reservar media taza del agua donde se cocinó la pasta. Este líquido contiene almidón y ayuda a que la salsa se adhiera mejor, logrando una textura cremosa sin necesidad de añadir crema de leche. Escurre la pasta un minuto antes del tiempo indicado en el paquete y termina su cocción directamente en la sartén con la salsa.
Al final, agrega la albahaca troceada con las manos, un chorrito de aceite de oliva crudo y el queso rallado. Sirve de inmediato. Esta receta rinde para dos personas y puede adaptarse fácilmente con verduras de temporada como calabacín, espinaca o champiñones, convirtiéndose en una opción versátil para toda la semana.
Un consejo final: la pasta también se puede preparar en mayor cantidad y guardar en recipientes herméticos en la nevera hasta por tres días. Así tendrás almuerzos listos para llevar al trabajo y ahorrarás tiempo y dinero. Basta con calentarla con un poco de agua para recuperar su textura original y disfrutarla como recién hecha.