Un cambio de época en los mercados de deuda
Durante buena parte de la década de 2010, los tipos de interés se mantuvieron cerca de cero y los gobiernos se acostumbraron a financiarse casi gratis. Ese mundo se está desmoronando. En las últimas semanas, el rendimiento de los bonos a diez años ha escalado a máximos de más de dos décadas en Estados Unidos, Japón y varias economías europeas. La causa es una mezcla explosiva: el boom de inversión en inteligencia artificial, el shock energético provocado por la guerra en Irán y, sobre todo, la indisciplina fiscal de unos políticos que siguen gastando sin freno.
The Economist sostiene en su último número que el riesgo de una crisis de deuda en el mundo rico ya no es teórico. Francia, con un déficit previsto del 5,4% del PIB y una deuda cercana al 120%, aparece como el eslabón más débil. Italia, Reino Unido y Japón también muestran señales de tensión. Mientras los bancos centrales dudan entre rescatar a los gobiernos o defender la estabilidad de precios, los inversores empiezan a exigir primas de riesgo que no se veían desde la crisis del euro.
En este número, además, The Economist analiza cómo la IA ha atrapado a los republicanos, el regreso del clan Bolsonaro en Brasil, la segunda ronda de la guerra comercial entre China y la UE, y hasta la verdad incómoda sobre los raspadores de lengua. Pero si hay una historia que merece leerse con calma, es esta: la del día en que los bonos dejaron de ser un refugio seguro para convertirse en el próximo polvorín de la economía global.